2011: Quo vadis?
Sin ánimo de resultar pesimista, acabamos de estrenar año y la perspectiva económica resulta bastante incierta. Estos últimos meses hemos aprendido un montón sobre crisis de deudas soberanas de estados periféricos, primas de riesgos, intervenciones ante posibles defaults, guerras de divisas, stress tests, y otras groserías.
Dejando a un lado lo divino y bajando a la arena de lo humano, la sensación de desasosiego no es menor. Al menos, es la conclusión que alcanzo tras recientes conversaciones con clientes y colegas de profesión.
Ante la profunda caída de consumo y demanda que nos acució en 2009 y 2010, hubo empresas que no estaban preparadas pagando esa imprevisión con procesos concursales y cierres. Otras muchas sí emprendieron la senda acertada llevando a cabo acciones poco gratificantes pero necesarias: reducción de dimensión ajustada a la nueva demanda, conversión de costes fijos en variables, abandono de líneas de negocio poco rentables, reducción de incentivos, regulación de plantillas y jornadas, aplazamiento de nuevas inversiones,…, en definitiva encoger, agazaparse, a la espera de que escampe.
Adicionalmente los más previsores acompañaron estas actuaciones con otras encaminadas a impulsar los ingresos: diversificación e innovación en procesos, productos y servicios, e internacionalización de mercados, fundamentalmente.
Tras dos años cortando lonchas de jamón en forma de recortes en costes, hemos llegado al hueso. Se han agotado estas medidas y, en consecuencia, la única vía para conseguir la supervivencia empresarial (no hablo ya de rentabilidad) pasa por crecer en ventas. Pero ese crecimiento en el mercado nacional resulta complicado considerando la coyuntura: dificultad (cuando no imposibilidad) de acceder a nueva financiación para las administraciones autonómicas y locales sumado al proceso electoral que va a modificar la composición de los dirigentes de las mismas a partir de mayo; subida a nivel mundial de los precios de carburantes y materias primas, con el consiguiente incremento de la inflación y tipos de intervención; recortes a todos los niveles en cuanto a incentivos fiscales por la situación del déficit y la deuda pública; guerras de precios cainitas entre competidores obsesionados por vender aún a costa de hacerlo por debajo de sus costes reales,…., y, finalmente, la parálisis de inversiones de empresarios y emprendedores ante la incertidumbre de no saber hacia dónde camina el año 2011.
Todo ello hace de este año un ejercicio más peligroso que los precedentes donde sí sabíamos lo que te tocaba hacer. Habrá que agudizar el ingenio y confiar en que existan alternativas más allá de tener que huir de Roma o condenarnos al martirio.
Antonio Bonilla
Bonilla Asesores
Auditor de Cuentas y Asesor de empresas
Profesor de Finanzas de la EEN.




